lunes, 24 de septiembre de 2018

Paco Mateos

Del libro: La flor del deseo 


ENCONTRARTE

De todas las cosas buenas
que la vida me trajo,
si tuviera que elegir
me quedaría contigo.

Luz de mis días,
razón de mi existencia,
asombro de mis manos,
luna de mis noches,
sur de mi naufragio,
abrigo de mi otoño.

No sé qué estrella alumbró tus pasos,
tu vuelo de alondra mañanera,
tu presencia.

La plaza con estatuas,
floridas jacarandas,
la luz del mediodía,
tu armonía
deslumbrándolo todo,
las palomas zurcaban
el encuentro.





jueves, 20 de septiembre de 2018

Lluïsa P. Lladó








Allí frente a su losa de mármol
estaba Wislawa Szymborska
en su mutada esencia,
en la caracola,
en el gato negro,
en sus postales,
en el nombre de los pueblos,
en la japonesa,
en los mecheros de colores,
en los libros.




El Arca de Wislawa




miércoles, 19 de septiembre de 2018

Ángel González

    



    A veces

 
    Escribir un poema se parece a un orgasmo:
    mancha la tinta tanto como el semen,
    empreña también más en ocasiones.
    Tardes hay, sin embargo,
    en las que manoseo las palabras,
    muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
    les levanto las faldas con mis dedos,
    las miro desde abajo,
    les hago lo de siempre
    y, pese a todo, ved:
    ¡no pasa nada!
    Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
    "Lo digo y no me corro".
    Pero él disimulaba.









Wislawa Szymborska







Amor a primera vista


Ambos están convencidos

de que los ha unido un sentimiento repentino.

Es hermosa esa seguridad,

pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían

no había sucedido nada entre ellos.

Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos

en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles

si no recuerdan

-quizá un encuentro frente a frente

alguna vez en una puerta giratoria,

o algún “lo siento”

o el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-,

pero conozco su respuesta.

No recuerdan.

Se sorprenderían

de saber que ya hace mucho tiempo

que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada

para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba,

que se interponía en su camino

y que conteniendo la risa

se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,

pero qué hacer si no eran comprensibles.

¿No habrá revoloteado

una hoja de un hombro a otro

hace tres años

o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.

Quién sabe si alguna pelota

en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres

en los que un tacto

se sobrepuso a otro tacto.

Maletas, una junto a otra, en una consigna.

Quizá una cierta noche el mismo sueño

desaparecido inmediatamente después de despertar.



Todo principio

no es mas que una continuación,

y el libro de los acontecimientos

se encuentra siempre abierto a la mitad.


De “Fin y principio” 1993

Wislawa Szymborska (1923)  Nació en Kórnik, Polonia 











Álvaro Mutis




                                             

                                             Un llanto,
                                             un llanto de mujer,
                                             interminable,
                                             sosegado,
                                             casi tranquilo.
                                             En la noche, un llanto de mujer me ha despertado.
                                             Primero un ruido de cerradura,
                                             después unos pies que vacilan
                                             y luego, de pronto, el llanto.
                                             Suspiros intermitentes
                                             como caídas de un agua interior,
                                             densa,
                                             imperiosa,
                                             inagotable,
                                             como esclusa que acumula y libera sus aguas
                                             o como hélice secreta
                                             que detiene y reanuda su trabajo
                                             trasegando el blanco tiempo de la noche.
                                             Toda la ciudad se ha ido llenando de ese llanto,
                                             hasta los solares donde se amontonan las basuras,
                                             bajo las cúpulas de los hospitales,
                                             sobre las terrazas del verano,
                                             en las discretas celdas de la prostitución,
                                             en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas,
                                             con el tibio vaho de ciertas coinas militares,
                                             en las medallas que reposan en joyeros de teca,
                                             un llanto de mujer que ha llorado largamente
                                             en el cuarto  vecino,
                                             por todos los que cavan su tumba en el sueño,
                                             por los que vigilan la mina del tiempo,
                                             por mí que lo escucho,
                                             sin conocer otra cosa
                                             que su frágil rodar por la intemperie
                                             persiguiendo las calladas arenas del alba.

                                                      (Álvaro Mutis, de Summa de Maqroll el Gaviero, 1973)















Cerdopoética en Rute


miércoles, 12 de septiembre de 2018

Ana García Briones








 A veces ocurre
 que los sueños llevan flores
 y las palabras sobran
 si la vida me invita
 a las orillas suaves de la paz.

 Los árboles pacíficos
 se vuelven frondosos,
 los senderos limpios
 se llenan de miradas
 que depuran el aire.

Y me viene el olor
de la  emoción
del alma en los labios,
del  concierto lírico
de la libertad,
en este caminar torpe
de mis pasos.





Federico Díaz-Granados (Bogotá, 1974)





Miro en la vitrina
el reflejo de mi cuerpo
Sobre el vidrio
Y me veo gordo, cansado, sobre aquellos pasteles de vainilla.

Y pienso en los amigos que no volví a ver
¿y qué sabían ellos de este corazón caduco
donde no cabe ni un centímetro del mundo?

Y cuando no te reconoces en los pasos del hijo, ni en el espejo
harto de esquivar malos presagios
viendo de lejos el esplendor de las pérdidas
lo indescifrable y lo desconocido.

Callo: mi silencio alcanza ese cuerpo que no entiendo,
desmancho mi corazón de su último incendio.

Y sigo extranjero en ese vidrio,
gordo y cansado
y atrás de mí
algunas sombras, gestos de abuelos y tíos muertos
sobre los pasteles de vainilla.








 

Abelardo Linares



EN LA MAÑANA DEL MUNDO

Apenas la caricia de tu mano.
Mi piel es de cristal cuando me tocas.
¿Qué apaciguada luz, qué temblor hecho brasa
se deslíe en mis ojos si me miras?
¿Dónde hiere tu risa y por qué hiere
si con ella me abres la mañana del mundo?
Tu existir me hace un dios y tú me creas.
No hay mayor claridad ni otro misterio




Pedro Javier Martín Pedrós








Hay músicas
que
levantan
las
cortezas
del
alma



Del libro: Abriendo Ventanas 













lunes, 10 de septiembre de 2018

Antonio Porras Cabrera







Quisiera ser el lápiz
que perfila los labios
que sellan tus besos.
El rímel que adorna tus ojos
dando a tus pestañas
el tono perfecto
que tiene la magia
de un mirar travieso.
La ropa interior
que abraza tu cuerpo
que envuelve tus pechos
y juega enroscada
con púbicos versos
de labios abiertos
en besos profundos de sexo.
Quisiera ser el perfume
que inunda tu cuerpo
de suave fragancia.
La cama que acoge tus sueños
en lechos de amores
vestidos de besos,
en mares profundos
que ocultan ensueños.
Quisiera ser eso…
lo que tú quisieras
dentro de tus sueños.








Jose Antonio Fernandez Garcia






Amanecer

Por fin puedo hablarte sin que el frío calle mi boca.
Amanece: el sol apunta desde el horizonte.

(Las calles, siempre vacías, retumban ante el silencio
de las sombras.
Era invierno -cómo olvidarlo-, y en el campo ardía el
rocío.
Las mariposas reposaban disecadas en el aire
sin importarles el olor a ceniza que cubría a los
almendros)

Llego a tu casa y estás conmigo.
El fuego de la chimenea alumbra tus manos,
entretenidas deshilando la ropa que rompe tu cuerpo.

A la lumbre, se enciende tu cara, se sonrojan
tus mejillas y tus piernas realzan el blanco del deseo.

Con sabor a cielo en los labios te beso.
Cesa el fuego de la chimenea
y las calles se llenan.

Te digo: te amo.
Y el campo recobra su aliento cálido
como sorbo que endulza la carne desnuda.

Amanece: el sol apunta desde tus ojos.