miércoles, 28 de marzo de 2018

Javier Puche









Escribir es estar escribiendo. Y haber escrito. No tanto pensar en escribir, que también. No tanto anhelar la escritura, que también. Es anhelarla y convertirla en real de inmediato o casi. Materializar sin dilación el anhelo de escritura. Cumplir el deseo. Dejarnos atravesar por él de arriba abajo. Volcarlo irresponsablemente sobre la mesa, con incómodo placer. Porque escribir es sentarse a escribir. No pensar en sentarse a escribir algún día y dejar que transcurran los siglos. Escribir es mover las manos rítmicamente para que las palabras bailen. Propiciar la danza e ignorar la muerte.



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