martes, 31 de octubre de 2017

Presentación de Violines sin Música


José Hierro




Las nubes

Inútilmente interrogas.
Tus ojos miran al cielo.
Buscas, mirando a las nubes,
huellas que se llevó el viento.


Buscas las manos calientes,
los rostros de los que fueron,
el círculo donde yerran
tocando sus instrumentos.

Nubes que eran ritmo, canto
sin final y sin comienzo,
campanas de espumas pálidas
volteando su secreto,

palmas de mármol, criaturas
girando al compás del tiempo,
imitándole a la vida
su perpetuo movimiento.

Inútilmente interrogas
desde tus párpados ciegos.
¿Qué haces mirando a las nubes,
José Hierro?

(De Cuanto sé de mí, 1957-1959)




Tomás Soler Borja







Mariposas en el aceite
encendidas
por los que volaron.
Mamá las ponía
sobre el poyete, junto a la ventana.
Luz para alumbrar
a los que, quizá
andaban perdidos en sombras.
Ha pasado tanto tiempo.
Estoy sentado en la cocina
―otro lugar, otra cocina
sigo siendo yo―.
Aún es de noche. Miro afuera
al cielo oscuro.
Y mamá, ¿habrá sabido
encontrar 
su camino?
Prendo una vela.
Tiembla
tiemblo yo con ella.








jueves, 26 de octubre de 2017

Ana García Briones






Me derrumbo
en el aire espeso
de la hipocresía,
en las estrellas fugaces
que se cruzan
ante mis ojos
y se pierden,
dejando un resquicio
de melodías abiertas.

Me derrumbo
en las miradas dispersas
que se entrelazan
en cualquier portal,
esparciendo besos
sin mirar la luna.,
mientras mueren las gaviotas.



De Partos de luz 





miércoles, 25 de octubre de 2017

Julia Gutiérrez







Sin volver la mirada, casi,
me voy a mi otro mundo,
trato de seguir con la vista
el lejano paisaje
donde te encuentras,
del que tengo que ausentarme
echarme la voluntad a la espalda
seguir caminando,
donde la distancia me lleva,
lejos de ti,
lejos de mí,
y, a veces, en la frontera,
horizonte negro cuando me voy
que sin moverme ni un centímetro
es de verde azulado cuando vuelvo.




María Guivernau









Querido diario:

perdona que no rellene
de tinta
cada una de tus páginas
en blanco.
Estoy viviendo...










Teresa Martín Ruiz







He borrado las lineas de todos los mapas,
he manipulado todas las brújulas,
he hablado en privado con la estrella polar para que deje de brillar,
porque ningún destino es el final de mi viaje,
si no estás tú.

Hazme una señal,
dónde quiera que te encuentres, porque el sitio es un lugar importante,
una estampa imborrable,
si me apuras,
el paraíso...
Pero la presencia, es la esencia del destino,
porque la puedes tocar, oler,
y sentir de cerca.

Qué me importa a mí si hay cielo, o mar,
si las gaviotas vuelan en la tarde,
si las puestas de sol son un milagro,
si la fachada de la casa es de precioso color azul,
si cuelgan alegres las enredaderas en los balcones,
si los sueños son anuncios previos
de lo que está por llegar.

Si no estás tú...
todos los esfuerzos se volverán al polvo,
y cada paso dado será una huella inútil,
en este mapa que reconstruyo,
ciudad por ciudad,
montaña a montaña,
para conquistar un nuevo imperio,
que lleve tu nombre.

Hazme una señal dónde quiera que te encuentres,
y te darás de bruces conmigo.
Quizá la vida consista en una continua búsqueda,
en un continuo girar de pestillos de puertas,
que te van conduciendo al destino definitivo,
para que no nos perdamos en ella,
de una forma irreparable.
Tal vez sea un mapa en blanco,
dónde ir dibujando las líneas
de todos los caminos que recorramos,
hasta llegar al final del trayecto.

Pero eso sí,
cogidos siempre de la mano
de la indispensable presencia de quien amamos.
Hazme una señal dónde quiera que te encuentres,
y te demostraré, que no todos los caminos,
conducen a Roma...



*El sitio es importante,
pero dormirá para siempre en la retina y sólo será otro punto más del planeta, si tú no estás al otro lado de la puerta.
Si en algún lugar te busco y te quiero, se llama cerca.



 

miércoles, 18 de octubre de 2017

Ángel González





QUÉDATE QUIETO

Deja para mañana
lo que podrías haber hecho hoy
(y comenzaste ayer sin saber cómo).
Y que mañana sea mañana siempre;
que la pereza deje inacabado 
lo destinado a ser perecedero;
que no intervenga el tiempo,
que no tenga materia en que ensañarse.
Evita que mañana te deshaga
todo lo que tu mismo
pudiste no haber hecho ayer.





Marta Dacosta Alonso (Vigo, España,1966)









DE LAS MUJERES DESNUDAS

I

llevamos los cabellos extremadamente largos
y los cuerpos desnudos

los pies descalzos heridos por la arena
nos llevan al mar
imperturbable

nunca nos ven los rostros
sólo imaginan el agua, también, en nuestros ojos
los cabellos al viento, banderas desatadas
cuando ya no hay nada
entre la espuma y la carne

quedarán los poemas
los poemas atroces de las amantes de Hamlet.




de As Amantes de HamletEdicións Espiral Maior2003














Consuelo Tomás Fitzgerald..






Habrá que recoger el corazón
del sitio en que cayó esa madrugada
y coserse una sonrisa
para atravesar el muro.
Habrá que enterrar ciertos recuerdos
allí donde no puedan allanarlos
en algún rincón de la memoria
y abordar el dolor de otros comienzos.
Habrá que esconder el estupor
y jugar a ser sobrevivientes
barrer los escombros como si nada...
Lo que no habrá que hacer
bajo ningún motivo
es olvidar
envejecer
y rendirse.












lunes, 16 de octubre de 2017

Caroline Hartge (Hannover, Alemania, 1966)









CARTA A CASA

siempre hemos vivido junto a los árboles
y los árboles lo vivían junto a nosotros
de día recorríamos el pueblo
tal y como de noche dormíamos sobre sus esteras:
descalzos
y la rafia de ramas podridas
era fría y mullida bajo nuestros pies
fría y mullida; las piedras no las sentíamos
éramos más pequeños y vivíamos cerca del agua
hacíamos señas a nuestros amigos de la otra orilla
y nuestros amigos respondían con las suyas
teníamos nuestros cuerpos
que no eran nunca impuros

las palabras de nuestra lengua
aquí suenan bárbaras (así las llaman quizás)
y nadie quiere entenderlas
sus rostros tan férreos y desconsolados
sus fiestas sin diversión sus cuerpos sin sangre
aquí no ves rezar a nadie
creo también que odian a los árboles
porque son más grandes y viven de modo diferente
las voces de los amigos al TE-LÉ-FO-NO
pero no se les ve haciéndose señas ni sonreír
y a los pájaros no les he oído aquí ni una sola vez

nada ha permanecido igual
ni siquiera la luna
para nosotros era la rodaja de una calabaza madura amarilla y grasienta
aquí es sólo la pálida escama de un pez moribundo
enjuagado en el arroyo de la calle con un barreño de agua
una mancha en el cielo





















Recital "Versos al aire en Bailén " ( Museo de la Batalla Bailén) - Asociación Anduxar




Lluïsa Lladó





CON LOS OJOS VENDADOS

Cuando estoy contigo, el miedo pierde fuerza

para engendrar otro modelo de miedo.

En este debacle, del cual no poseo experiencia

para la dirección al laberinto de la montaña.


Puedo reconocer el olor que desprende

y nada dificultoso se muestra la pantomima del cuerpo

cuando lo hacen suyo, los dos animales de cuerdas,

extraviadas luciérnagas chocando contra el cabezal de la cama.


Cuando estoy, sí, estoy contigo, y me giro de pétalos

incendiarios con sándalo y otros aromas,

noto tu corazón albergado

y la longitud de tus dedos

intentado atrapar a la luna.

Entonces sonríes con la lengua en tu silencio casto

y busco sonidos de fuentes, de hojas,

de niños en patios lanzando cubos con agua.


Cuando es y siempre en, torno de cinturas,

en tu boca que brolla en paradero,

y no, no poseo temor alguno,

dicen, que el amor, es, sin duda, una muerte dulce.




Poetas de Ahora


Daniel Arana García De Leániz





NO HAY ya ruido junto
a la fuente de piedra.
Se han provisto de agua
y el sol se ha ido,
desconvocado el día.
En la plaza, ya sólo el
rumor de una
palabra.


De Abisal






domingo, 15 de octubre de 2017

Fernando Sarría







Abro la ventana y entra la brisa.

Sin nombre apenas que darte

poseo ahora el rescoldo de la lumbre nocturna

y esta hora ausente de nosotros,

cuando tú duermes y yo oteo el mar.

Las islas son como tu espalda,

se ven en la bruma del horizonte,

y sé que guardan siempre los pájaros y el frío de la mañana,

mientras que a ti, a centímetros de mis dedos,

respirando en silencio,

te cubren una lejanía de sábanas

y todos los pretéritos viajes

que hicimos en la noche.

Guardo este instante.

Lo grabo como he hecho otras veces.

Ya eres igual en mi memoria

que algunas cosas hermosas que me habitan:

el friso del Partenón en el Museo Británico,

el puente de Alejandro III en París sobre el Sena,

el jardín de Csepel rodeado por el Danubio,

el templo de Júpiter en Paestum…

Eubea en medio del Egeo.





Poemario “Las Horas” editorial Quadrivium 2012






Eduardo García






Habremos de encontrarnos
en un lugar que ignoran los cartógrafos,
más allá de paredes y fronteras,
de empañados espejos y torpes simulacros,
en el justo reverso de esta tierra baldía
donde ni tú ni yo somos nosotros.

Allí te esperaré,
donde brota la sangre y abdican las palabras,
para al fin contemplarnos en las pupilas de los pájaros,
navegar a merced de las corrientes,
cuerpo a cuerpo, enlazados, naufragar.

Recuerda nuestra cita en un pliegue del tiempo.
Acude con lo puesto, no intentes comprender.
Cuando te alcance el rumor del oleaje
y el césped te deslumbre, rasgándose a tus pies,
sentirás que la hora del encuentro ha llegado.

Salta entonces con todas las fuerzas que te habitan.
Olvida nuestros nombres:
el surco acostumbrado, el terco pentagrama.
Recuerda que el prodigio es pasajero,
pues no hay ruta que conduzca a ese lugar.





Javier Solé






ÓPERA EN LA CIUDAD


Puede oírse la ópera
desde los confines
de la ciudad,
en el silencio
de la noche
retumban
los instrumentos de la orquesta.

La voz del tenor
proviene
de la fábrica clausurada
donde el vigilante
cierra los ojos,
fantasea
un futuro diferente
que nunca acontecerá.

Las ratas,
público instruido,
asisten al concierto
con entrada de tribuna.

Desde el palco
las lechuzas
emiten sonidos
que asemejan
voces de contralto.

Con la claridad del día
la magia se diluye.

Un empleo inútil mal pagado
y toda la amargura –y más-
que puedas imaginar.





Del poemario “El cementerio que habitan los vivos” (ISBN 978-84-9076-351-3)

sábado, 14 de octubre de 2017

Felicidad González










Cuando tus dedos
rozan mi piel,
le pones música
a mi alma.

Mis pies se arrugan,
mis manos se agitan,
mi corazón tiembla,
todo mi cuerpo baila.






Idea Vilariño




Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte