martes, 8 de agosto de 2017

Pedro Javier Martín Pedrós







En el bosque de la vida,
en una tarde cualquiera,
a una hora indeterminada
y en un día sin nombre,
sonó la voz de la amistad 
anónima.
Estabas soñando con casitas
de papel y miel
y me diste la mano.
Fue una sensación mágica.
Me hiciste ver:
que el timbre de voz produce 
música,
que los coches andan,
que los niños son inocentes,
que la luna existe,
que hay vegetación y 
aire fresco.
En el bosque de la vida,
en una tarde cualquiera
y a una hora indeterminada,
sonará siempre la voz
de la amistad anónima.

De : Trozos de vida







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