viernes, 7 de julio de 2017

Teresa Martín



No serán mi manos ya libres, las que te aten,
ni mis ojos ya ciegos, los que te persigan,
ni mi boca ya muda, la que te nombre,
ni mis oídos ya sordos, los que te escuchen.

No será mi cuerpo para ti, un lastre
ni mis palabras al viento, una losa
ni mi presencia una inoportuna inoportunidad,
ni mi recuerdo borrable el que te desasosiegue.

No seré una intrusa en tus sueños,
ni un quejido amargo en tu garganta,
ni saliva malgastada en tu boca,
ni una huella en tu camino, descaminada.

No será mi lecho de lino tu cama,
ni mi pecho desnudo tu descanso,
ni mis amplias caderas tu casa,
no seré yo tu sombra,
en las horas dulces, ni en las amargas

No seré yo quien respire tu aire,
ni abriré en la noche tu ventana,
ni recitaré poemas con tu nombre,
ni pondré tu plato ni tu pan en la mesa
que vacía duerme,
en la esquina de la sala.

No juraré no quererte, no
porque pecado es jurar en vano,
no mentiré cuando me pregunten,
si aún riego las rosas rojas
que planté en mi corazón de barro.

No te rogaré que vuelvas, eso nunca,
pues con certera certeza intuyo,
que no desandarás el camino andado,
ni tan siquiera volverás la cabeza,
para decirme adiós con la mano.

No seré yo quien cambie el rumbo de tus pasos,
ni la dirección de la veleta en tu tejado,
ni corte tus las alas ya extendidas,
de ave que fuiste, de paso.

No derramaré por ti una lágrima,
ni un pañuelo blanco secará mi cara,
no pronunciaré palabra alguna,
que delate que mi voz de frío acero,
yace muda, rota y quebrada

Pero si seré yo quien más te quiera,
y que mis ojos y mis manos
mis oídos y mis labios,
mis palabras y mi viento
tu aire y mi casa

Tu presencia y mi lecho
mi corazón y tu adiós
tu pan y mi mesa,
tu nombre y mi recuerdo,
son de propiedad privada...

Lo guardo todo a buen recaudo,
entre las hojas de un libro de Kafka;
y si una cosa tengo segura,
es que no seré yo quien lo abra...




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