miércoles, 19 de julio de 2017

José Manuel Caballero Bonald.

  




Y tú me dices
que tienes los pechos vencidos de esperarme,
que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.










lunes, 17 de julio de 2017

Begoña Abad





He cambiado radicalmente de vida.
Antes vivía con tu soledad,
ahora vivo con mi compañía.



Del libro : Cómo aprender a volar





Hermann Hesse





CADUCIDAD

Del árbol de mi vida
se desprende hoja tras hoja.
¡Oh, mundo de delirios,
cómo nos sacias,
cómo nos sacias y fatigas,
cómo nos embriagas!
Lo que hoy aún florece,
pronto se marchita,
pronto sonará el viento
sobre mi tumba parda,
sobre el niño pequeño
se inclina la madre.
Quiero ver sus ojos de nuevo,
su mirada es mi estrella,
todo lo demás puede dispersarse,
todo muere, todo muere gustoso.
Sólo permanece la Madre eterna
de quien procedemos,
sus dedos escriben juguetones
nuestro nombre en el aire efímero.


<El caminante>




viernes, 14 de julio de 2017

Fernando Beltrán




Amar es este error imprescindible


Para poder vivir,

esta forma distinta de sentir la lluvia

cuando llega el otoño

y la saliva

de los parques más tristes

habla sólo al oído de los locos,

de los cuerdos de atar,

de este poema

empapado de sed,

muerto de amor y frío,

acantilado al borde de un abismo

que antes nunca escribí



miércoles, 12 de julio de 2017

Idea Vilariño (Montevideo, Uruguay, 1920 – Montevideo, Uruguay, 2009).




Tan arduamente el mar,
tan arduamente,
el lento mar inmenso,
tan largamente en sí, cansadamente,
el hondo mar eterno.

Lento mar, hondo mar,
profundo mar inmenso...

Tan lenta y honda y largamente y tanto
insistente y cansado ser cayendo
como un llanto, sin fin,


pesadamente,
tenazmente muriendo...

Va creciendo sereno desde el fondo,
sabiamente creciendo,
lentamente, hondamente, largamente,
pausadamente,
mar,
arduo, cansado mar,
Padre de mi silencio.





Jorge Novak Stojsic Sarac





se ha ido despacio
la última tarde de diciembre

sólo los solitarios
saben
cómo pasa el silencio del tiempo

llueven sobre las ciudades
pétalos de flores de almendro

tristeza blanca
que tapan
los ojos limpios de los amantes

ay poeta
que sólo vives acariciando versos






 

martes, 11 de julio de 2017

Linares ( C/ Julio Burel )...Cine Olimpia a la derecha


Marwan








FUERA. DENTRO....

Todas las fábricas encendidas,
las rotativas violando el silencio de los almacenes,
mil de millones de hombres
afuera, moviéndose, comprando,
trabajando, escribiendo, masticando,
trazando planes, contando monedas:
la marcha brutal del mundo.

Todo eso afuera:
todo el mundo,
todos los países,
todas las personas,
tanta gente.

Y tú y yo aquí,
ajenos a todos,
encerrados en esta habitación
comiéndonos el alma a bocados,
salvándolos a todos.


viernes, 7 de julio de 2017

Javier Puche

Licenciado en Filología Hispánica y profesor de piano clásico, ha trabajado como crítico musical, corrector de estilo y guionista de televisión. Imparte clases en la Escuela Contemporánea de Humanidades (www.ech.es). Sus ficciones, publicadas en revistas como Quimera o Litoral, se han incluido en diversas antologías, entre las que destacan Por favor, sea breve 2 (Páginas de Espuma, 2009), Velas al viento (Cuadernos del Vigía, 2010) o Mar de pirañas (Menoscuarto, 2012). Mantiene el blog literario Puerta Falsa (www.puerta-falsa.blogspot.com). Es autor de los libros Seísmos (Thule, 2011) y Fuerza Menor (Isla de Siltolá, 2016).













La incertidumbre


 Para Javier Tomeo

En medio del Mar Negro, a cientos de kilómetros de cualquier costa, un hidropedal
avanza despacio bajo la luna. Sus tripulantes, un hombre y una mujer de mediana edad,
pedalean maquinalmente, pese a estar dormidos. La cabeza del hombre descansa
vencida hacia atrás. Y su boca se abre hacia el cielo, como si anhelara devorar las
estrellas. La cabeza de la mujer cae por el contrario hacia delante y tiene la boca
cerrada. Con las ondulaciones del mar, ambas cabezas se tambalean un poco. La de él
parece decir que no. La de ella, que sí. Entregados a esta inconsciente discrepancia,
surcan la oscuridad. Al amanecer, el lamento de una ballena los despierta abruptamente.
ELLA (desperezándose): Nos hemos dormido.
ÉL: Eso parece.
ELLA (mirando alrededor): ¿Y qué hacemos ahora?
ÉL: No tengo ni idea. Quizá deberíamos seguir pedaleando.
Y eso es justamente lo que hacen: pedalear. Pedalear en silencio. Seguir navegando sin
rumbo por las oscuras aguas hasta perderse de vista en el horizonte.



Rezar


Rezar en voz baja. Eso hace el paracaidista desde aquel día. Rezar en voz baja mientras
el viento agita con levedad la enorme telaraña donde permanece adherido. Rezar en voz
baja sus oraciones. Y no dejarse intimidar por los esqueletos que penden alrededor.



Mantis

Nadie elige de quién se enamora. En lo que a mí respecta, siempre experimenté una
fuerte inclinación hacia las hembras peligrosas y estilizadas. Qué le voy a hacer. De ahí
que actualmente conviva con un majestuoso ejemplar de mantis religiosa que capturé en
la selva virgen de Khao Sok, al sur de Tailandia. Nunca he sido tan feliz. Ni siquiera en
el útero materno. Aunque debo confesar que esa criatura me intimida bastante (mide
casi dos metros, sin incluir las antenas). Tanto es así que aún no hemos consumado
nuestro amor, tras varios meses juntos. Pero intuyo que el momento se acerca
inexorablemente. Por las noches, cuando me retiro a dormir, ella permanece en el salón
contemplando embelesada el canal porno. Necesita placer con urgencia. Y juro por el
Antiguo Testamento que lo tendrá en cuanto logre vencer el temor idiota que me inhibe.
Mientras, disfruto hipnotizado de su encanto salvaje. Ahora está devorando un felino en
nuestra alcoba. Puedo oírla desde aquí. Bendito sea Dios. Adoro con toda mi alma el
ruidito que emite al masticar. Qué le voy a hacer. Nadie elige de quién se enamora.



Planeta Tierra, año 3012


 Para Ray Bradbury

Como cada noche, el androide lee un libro electrónico junto al fuego. Sus amos lo
contemplan orgullosos desde el sofá. Qué culto es Brtx9. Lee más que nosotros. Llegará
lejos, se dicen telepáticamente. Luego abandonan el salón para ocupar sus cápsulas de
reposo, no sin dar primero algunos besos al androide, que les corresponde con una
sonrisa mecánica. Sólo entonces, al quedar libre de testigos, puede Brtx9 entregarse a su
auténtica pasión. En un doble fondo de la biblioteca electrónica tiene oculta la reliquia:
un libro de papel. Antes de sacarlo, acariciarlo, olerlo, abrazarlo, leerlo una vez más con
frenesí, comprueba auditivamente que sus amos ya roncan arriba.



La marioneta


Tras el accidente estrepitoso y fatal, la marioneta, que yacía inerte en mitad del asfalto,
abrió los ojos y empezó a incorporarse con gran lentitud. Ya erguida, aunque en
precario equilibrio, avanzó unos metros por la carretera, sorteando cadáveres, hasta
alcanzar la mano muerta de su dueño, donde entrelazó cuidadosamente sus hilos de
nylon. Acto seguido, cayó desvencijada al suelo, cerrando los ojos para siempre.



La memoria de cristal



Tras el Apocalipsis, un radar enviado desde Júpiter para confirmar la extinción del
hombre, desciende con lentitud hacia las profundidades del Océano Pacífico, donde algo
parece latir. Y es que abajo del todo, en mitad de un silencio vagamente iluminado por
criaturas abisales, el único espejo que la Gran Explosión no ha logrado romper emite en
orden cronológico, antes de apagarse para siempre, todas las imágenes que componen su
memoria de cristal, demorándose en aquéllas donde aparece la mujer que lo tuvo en su
alcoba hasta el fin, una joven risueña que ya no existe, aficionada a bailar desnuda ante
él ciertas noches de verano, cuando todo era posible todavía en este rincón de la galaxia. 











PABLO ALBORÁN -- Solamente Tú con Diana Navarro en el Teatro Echegaray

Teresa Martín



No serán mi manos ya libres, las que te aten,
ni mis ojos ya ciegos, los que te persigan,
ni mi boca ya muda, la que te nombre,
ni mis oídos ya sordos, los que te escuchen.

No será mi cuerpo para ti, un lastre
ni mis palabras al viento, una losa
ni mi presencia una inoportuna inoportunidad,
ni mi recuerdo borrable el que te desasosiegue.

No seré una intrusa en tus sueños,
ni un quejido amargo en tu garganta,
ni saliva malgastada en tu boca,
ni una huella en tu camino, descaminada.

No será mi lecho de lino tu cama,
ni mi pecho desnudo tu descanso,
ni mis amplias caderas tu casa,
no seré yo tu sombra,
en las horas dulces, ni en las amargas

No seré yo quien respire tu aire,
ni abriré en la noche tu ventana,
ni recitaré poemas con tu nombre,
ni pondré tu plato ni tu pan en la mesa
que vacía duerme,
en la esquina de la sala.

No juraré no quererte, no
porque pecado es jurar en vano,
no mentiré cuando me pregunten,
si aún riego las rosas rojas
que planté en mi corazón de barro.

No te rogaré que vuelvas, eso nunca,
pues con certera certeza intuyo,
que no desandarás el camino andado,
ni tan siquiera volverás la cabeza,
para decirme adiós con la mano.

No seré yo quien cambie el rumbo de tus pasos,
ni la dirección de la veleta en tu tejado,
ni corte tus las alas ya extendidas,
de ave que fuiste, de paso.

No derramaré por ti una lágrima,
ni un pañuelo blanco secará mi cara,
no pronunciaré palabra alguna,
que delate que mi voz de frío acero,
yace muda, rota y quebrada

Pero si seré yo quien más te quiera,
y que mis ojos y mis manos
mis oídos y mis labios,
mis palabras y mi viento
tu aire y mi casa

Tu presencia y mi lecho
mi corazón y tu adiós
tu pan y mi mesa,
tu nombre y mi recuerdo,
son de propiedad privada...

Lo guardo todo a buen recaudo,
entre las hojas de un libro de Kafka;
y si una cosa tengo segura,
es que no seré yo quien lo abra...




miércoles, 5 de julio de 2017

Carmen Martagón







Pues eso... Ni más ni menos. 
No me importa 
Ha dejado de importarme cómo me ven,
si piensan que soy alta, baja, gorda o flaca,
si creen que soy lista, torpe, fea o guapa. 
Ha dejado de importarme cómo me observan,
no le presto atención a miradas ajenas,
a juicios en vano o a las falsas condenas.
Porque he aprendido a mirarme al espejo,
sonreirme sin prisas, vivir a carcajadas
y a curar las heridas que he tenido en el alma. 
Y he decidido ser, lo que más me emociona,
un café bien cargado, brisa de la mañana, 
las olas en la orilla o el sol en mi ventana. 


Fernando Beltrán (Oviedo, 1956).









POETAS

la voz de los poetas,
los que aventan palabras, los que tejen la piedra,
los que avivan los grifos del incendio y se lavan los dedos
en sus llamas, los que esculpen espejos como arterias
y echan bloques de azúcar en los campos
minados de la sangre, los que sueñan cuchillos
y atraviesan el filo de las noches con un pie en la galerna
y otro quieto en el barro de las casas natales, los que llaman
a voces a los botes, y callan luego al borde del rescate
y ven cómo se aleja la ambulancia pasándoles de largo,
los que atizan cometas y hurgan calmas y confunden
las rayas de las cebras con las rayas de un tigre,
el galope de un pez con la espina de un árbol,
los que tienen siempre hambre, los saciados, los que buscan
sinfín y al fin se abocan como dientes de leche
condenados al tránsito, los que arrojan palomas
a sus pozos y arena a sus paraguas, los que no
se conforman, los pálidos la miel los contagiados,
los que nunca se rinden, los que mueren de pie bajo los cascos
de los mismos caballos que inventaron, los que arengan
al poema con sus tropas, verso a verso ordenadas
y engañan luego al mundo con sus banderas blancas,
los que imantan las brújulas de lluvia
y al calor de la herrumbre, una noche de perros
inventaron el don de las metáforas.







lunes, 3 de julio de 2017

GABRIEL CELAYA






Cerca y lejos

Más allá del pecado,
indecible, te adoro,
y al buscar mis palabras
sólo encuentro unos besos.


En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.

donde tu vientre es combo,
fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero












Fernando Sabido Sánchez





Paisajes

Tal vez crees que pueda existir el paraíso
y llegar a tocarlo brevemente con las manos
pero solo a la primavera
le nacen hojas en los árboles
sin proponérselo

Ahora sabes que la vida se nos escapa
cuando la amarramos al viento
y que en una misma fotografía
no caben todos los paisajes que nos gustan.




 

Night Dance - Adam Hurst

domingo, 2 de julio de 2017

Ana García Briones







A partir de mañana,
cuando lea las estrellas 
que iluminan tus ojos,
sabré que el cielo existe
y las galaxias
bajarán como farolas
a alumbrar mis avenidas.

A partir de mañana,
haré un pacto con el sol.
Recibiré rayos perpendiculares
meteoritos en forma de sueños,
y el cráter de mi sombra
se llenará de astros con luz propia.

A partir de mañana,
en aquel espacio vacío
que queda en el universo,
seré un cuerpo celeste
o una simple cometa
con aspiraciones a satélite lunar.


Partos de luz ( Corona del sur)






Ana Rossetti (Cádiz, 1950).







«Cada palabra es una herida mortal.
Debo tener cuidado».
Jorge Díaz


Noche, palabra mía henchida de sucesos
La aflicción, el vacío, la muerte, la tiniebla
avivan en tus sílabas sus temores y ansias.
Extenuado nombre, fatigada corola,
para caer de ti como cansino pétalo,
o hundirse en tus confines, abiertos, afilados,
beso ardiente, última sensación,
locura extrema.
Noche, noche, amor mío,
¿es que acaso me atreveré a saltar
traspasada de ti hasta la muerte?
Lengua: nupcial espada.
Apenas te mencione, convocadas estrellas
insistirán solícitas mostrando el desvarío
de tus ojos vibrátiles.
Oh noche, qué incitante, qué turbadora eres;
madre devoradora, acercas tu regazo,
y cómo quiero huir, cómo desertar quiero
de tus lágrimas ávidas, cómo intento esconderme
de tus manos, oh noche, mi tristeza.
Y quizás seas la única, la palabra final
que todo amor explique. Y el estremecimiento.
Y el magnífico instante que ni aún la memoria
más fiel y enamorada consiente en repetir.
Noche, tristeza mía, todavía es posible
que te llame, y me abreve en el láudano amargo
que destilan tus letras. Que a tu herida entregue
y a tu abismo, mi tristeza, mi noche,
todavía es posible.
Oh noche mía, acaso... acaso te amaría.


A James Forestal, que se arrojó al
vacío antes de terminar de escribir
la palabra “ruiseñor”, es decir,”NIGHTingale”





Aurelio González Ovies





A veces la tristeza te espera en cualquier sitio




y hay que creer en algo.
Hemos venido a ser felices por encima de
todo,
a perder unos seres y formar una casa,




a envejecer un árbol y madurar un fruto,
a decir un adiós y escribir una carta.