miércoles, 28 de junio de 2017

Jose Antonio Fernandez Garcia

  



Tengo sueño y no he podido dormir.
¿Vivir preguntáis? No, no he vivido.
La noche me sorprendió y fui con ella.
No era clara, no; tampoco había estrellas.
Acaso había un hombre: parpadeó la luna
una pincelada de luz pelada,
y allí estaba: entero de ropa: solo,
tendido y sin nadie dentro.
En sus venas abiertas, picoteaban
los cuervos; en sus ojos, una lágrima
como billete de barco que va
a la deriva, sin timón ni viento
alguno. Tampoco era marinero.

Era de noche y no había dormido.
Quizá el sueño quien hizo de aquel hombre
una espantosa pesadilla de humo;
quizá fue la noche o quizá él mismo.
Lo cierto es que yacía áspero y seco,
a la lumbre de un cubo de basura,
bajo la luna de hueso y sin brillo:
y fue la sangre, no sé si de carne
o de hilo, quién me heló el alma.

¡Perdonadme
ahora!, pero no he dormido. No.
La noche ha sido larga y tengo sueño:
hasta la luz del alba me parece
una pesadilla -tras una noche
como ésta-...No, no he dormido, y tengo sueño.






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