martes, 13 de junio de 2017

Cristina Falcón Maldonado



Uno aprende a estar solo
como el perro que aprende
a no pasar
a quedarse afuera.

Bueno, uno aprende
porque no le queda remedio

Uno se sienta
con su plato
su cuchillo su tenedor
todo en orden
todo limpio
demasiado todo.

Ya uno no sabe qué hacer
uno con uno mismo
uno con su plato y su vaso
con su silla
más tarde
con su almohada
con su frío
su miedo.

Uno sin embargo
aprende a estar solo
como el perro que mira
desde la intemperie
y araña la puerta
y no le abren y no le oyen.

 
Uno aprende
a estar solo
o lo que es peor aún
a creer que ha aprendido.

(de Memoria errante, Editorial Candaya
Barcelona, 2009) 


 

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