martes, 16 de mayo de 2017

Francisca Aguirre



Anecdotario

Tengo muy pocas cosas claras

pero una de esas pocas cosas

es que sin la música yo habría sido otra,

y esa otra habría sido peor.

Todo cuanto recuerdo

está relacionado con la música

desde mi padre que siempre cantaba

mi madre que siempre cantaba

(hasta que dejó de cantar durante mucho tiempo)

mis tías mis tíos mi abuela.

En casa todos cantaban

y después del desastre

pasado un tiempo todos volvieron a cantar.

Mi madre y la abuela

de manera distinta como con sordina

pero los tíos y las tías

como siempre.

Y nosotras con ellos.

Veo a mi abuelo en 1934

oyendo tangos de Gardel junto a mi padre.

En 1939 los tíos en Barcelona cantaban

"Junto al Puente de la Peña una tarde la encontré".

¡Qué bonita era Barcelona!

Y qué alegre estaba mi padre

mientras cantaba "No era calle que era un río".

Fui al Ateneo en 1958 para oír a un poeta joven

que leyó un poema titulado

"Largo para clavecín solo".

Me gustó el poema y me gustó el poeta. Me enamoré.

Nació mi hija en 1965:

el poeta argentino José Alberto Santiago

la dormía cantándole vidalitas.

Y la voz arrolladora del cantor Jaime Dávalos

también argentino la despertaba.

Mis hermanas y yo vivíamos para la música

y gracias a la música creíamos en el futuro.

Llegó el amor y con él llegó el flamenco.

Llegó mi hija y con ella llegó Keit Jarret

y llegó también la alegría y la felicidad.

Todo estaba bien.

El mundo tenía sentido.

¿Cómo hubiera sido ese mundo nuestro sin la música?

¿Cómo habría sido sin oír a mi niña cantando:

"Pasaba por aquí..."



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