martes, 28 de febrero de 2017

Violeta Parra (San Carlos, Chile, 1917 – Santiago de Chile, Chile, 1967)



Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me dió dos luceros que, cuando los abro,

perfecto distingo lo negro del blanco,

y en el alto cielo su fondo estrellado,

y en las multitudes el hombre que yo amo.

-

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me ha dado el oído, que en todo su ancho

graba noche y día; grillos y canarios.

martillos, turbinas, chubascos

y la voz tan tierna de mi enamorado.

-

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me ha dado el sonido y el abecedario,

con él las palabras que pienso y declaro:

madre, amigo, hermano y luz, alumbrando

la ruta del alma del que estoy amando.

-

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me ha dado la marcha de mis pies cansados;

con ellos anduve ciudades y charcos,

playas y desiertos, montañas y llanos,

y la casa tuya, tu calle y tu patio.

-

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me dió el corazón, que agita su marco

cuando miro el fruto del cerebro humano,

cuando miro el bueno tan lejos del malo,

cuando miro el fondo de tus ojos claros.

-

Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Me ha dado la risa y me ha dado el llanto;

así yo distingo dicha de quebranto,

los dos materiales que forman mi canto

y el canto de ustedes, que es el mismo canto,

y el canto de todos, que es mi propio canto.




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