viernes, 17 de febrero de 2017

Javier Irigaray





Nosotros arañábamos cristales,
construíamos pirámides de fuego
y sembramos semillas de deseo
en minutos de pan y chocolate.

Nadábamos ríos que sólo saben
los mapas de caminos de regreso
y nuestros pies hollaron mil cabezos
hoy ahítos de morteros y metales.

En las aceras se borró la tiza,
en las calles no hay postes de carteras,
ni corren tapaderas de bebidas

compitiendo veloces en carreras
por pequeños circuitos a medida
de rodillas cuarteadas en la arena.  








   

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