lunes, 9 de enero de 2017

Ana García Briones





El crujido del miedo
de la impotencia,
de la soledad,
trepa en mi alma
como una enredadera.
Camino entre escombros ,
entre rostros huérfanos
que deambulan
hacia ninguna parte.
Desconozco sus nombres,
pero quiero abrir mis brazos,
siento la necesidad
de transportar una sonrisa,
un viento que barra la tristeza
y el dolor de la catástrofe.
Siento la solidaridad de los poetas
como una esperanza
que resucita el mundo,
al menos 
otra primavera.





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