martes, 8 de noviembre de 2016

Antonio Gala




Nadie mojaba el aire...

Nadie mojaba el aire
tanto como mis ojos.
Me decías:  "¿Trabajas?"
Me decías:  "¿Ya es la hora del té?"
Y yo no te decía:  "Te amo";
no te decía:
"Eres todo lo que tengo";
no te decía:
"Eres la única rosa en la que caben
todas las primaveras".
Me decías:
"Adiós, hasta mañana".
O me decías:
"¿Necesitas algo?".
Y yo no te decía:
"Me estoy muriendo
de amor... me estoy muriendo".
Nadie mojaba el aire



como yo.


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