jueves, 27 de octubre de 2016

José Lobo




No era sólo su mirada,
que también.
No era sólo su sonrisa,
que también.
No era sólo su mano
apretando fuerte la mía,
que también.
No era sólo su abrazo,
que también.
No era sólo su beso
uno detrás de otro,
que también.
No era sólo su ternura,
que también.
No era sólo su piel suave,
que también.
No era sólo su sabor,
que también.
No era sólo su lengua
recorriendo mis orillas,
que también.
No era sólo su sexo
húmedo y lleno de almíbar,
que también.
No era sólo su espalda
desnuda en mí apretada,
que también.
No era sólo el humo
de una boca a otra después,
que también.
No era sólo el descanso
aferrado a su pecho,
que también.
No era sólo la calma
observándola dormida,
que también.

Eran tantas cosas
que ella lo era todo a la vez.





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