martes, 27 de septiembre de 2016

Pablo Neruda




Hemos perdido aún este crepúsculo.

Nadie nos vió esta tarde con las manos unidas

mientras la noche azul caía sobre el mundo.

He visto desde mi ventana

la fiesta del poniente en los cerros lejanos.

A veces como una moneda

se encendía un pedazo de sal entre mis manos.

Yo te recordaba con el corazón apretado

de esa tristeza que tú me conoces.

Entonces,

dónde estabas?

Entre qué gentes?

Diciendo qué palabras?

Por qué se me vendrá todo el amor de golpe

cuando me siento triste y te siento lejana?

Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo

y como un perro herido,

a mis piés rodó mi copa.

Siempre,

siempre te alejas en las tardes

hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

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