jueves, 29 de septiembre de 2016

Jose Antonio Fernandez Garcia



AMOR Y CAOS

Aunque Joan Miró lo diga,
a veces es cierto: amor como un mar embravecido,
como una pincelada amarilla en el labio de una rosa.
Porque Joan Miró lo sabía
desde la crudeza del pensamiento,
dijo de replegar velas
y dar forma a ese otro universo
que se debate ingrávido sin aparente orden o concierto.

Aunque Joan Miró no era músico,
sabía como rasgar el tacto suave de la seda:
como piel pulida a besos
o tal vez como el desgarro o descalabro del aroma de una violeta
en un atardecer apacible
cuando
las ventanas se cierran
al aliento confortable de una alcoba
para evadirse de cualquier amanecer azaroso.

Y porque Joan Miró lo supo,
pudo equivocarse a pincel vacío,
a ojo fijo en una tela, casi crepúsculo de formas
y sin latidos.
Entonces surgió el debate entre amor o caos
como tal vez tumba a cielo abierto
o valle apacible donde las estrellas se posan
en un albergue de espaldas al mar:
quizá porque llueve a veces -mas
cuando el cielo se obstina en abrazar al planeta-
o porque estoy calado hasta los huesos
como sello que mi boca evoca
mientras amo o rompo
el desnudo de un racimo de palabras premeditadas,
llenas,
a corazón latiente en el interior de una caricia
sonrojada y manos al dorso,
allá precisamente donde Joan Miró
no mira
y el caos vaga solo
como sábana en blanco
como amor a destellos en la profundidad de una caverna.





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