lunes, 26 de septiembre de 2016

Ana García Briones



Mis brazos se abren
y pierdo el equilibrio
llorando en las paredes
entre una riada de tristezas.

Mi sangre bombea
hacia un espejismo
o simplemente,
al canto de un jilguero.

Después,
el espíritu de supervivencia
gradúa mis ojos
hacia la vida
y
me arrastra impaciente
al perfume de flores salvajes
que brota de mi vientre.

 Partos de luz



 


 

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