martes, 13 de septiembre de 2016

Ana García Briones




Tarde de lluvia
respiro las piedras mojadas,
olor a pan y aceite
a historias y leyendas
al calor de la mesa camilla.

Se escuchan campanas,
ruídos de cancelas,

sombras con pasos de luto
y aflicción en sus rostros.

Los niños esperan otro día
para ver salir la luz

entre las nubes
y jugar en pasadizos de ilusiones.

Cae la noche,
encuentros de novios
en cualquier esquina
con olor a naranjos.

 Todo se desvanece  en el tiempo,
 se eterniza en la memoria…
 La poesía me llama a perderme
 por calles estrechas
 en un un eterno soplo de vida
 invisible a los ojos.


Del libro: Anida en mi ser




 

1 comentario:

  1. Caricias de los sentidos, en el beso que deja el sentimiento. Es preciosa.

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