martes, 12 de julio de 2016

Lluïsa Lladó






Los animales de almas en celo

 
Usted ha tomado las manos y en la lección de los amantes
ha enseñado antes que la gula de la carne la caricia,
antes que la caricia la mirada,
antes de la mirada aprender,
aprender el beso que procede del rocío
y de los trozos que aún permanecen de nosotros mismos,
en sus estadios, con esta plenitud de campo de girasoles.


Pechos de membrillo al abasto
de su lengua de agosto, haciendo bucle con la barbilla
para el reposo de la nuca,
en el hueco vocal naciente sol de entre su brazo y su torso,
allí, como en un varadero, va mi cabeza exhausta
formando ala con su hombría.




Me conversa de novelas, y varias músicas,
en su dogma la sabiduría también pertenece al sexo.


Me ruega que le cuente poemas de desnudos y faustos,
mientras desgaja la ropa, y consigue en aula
desarmar el dolor que óxido permanece en la pupila.


Capa a capa, escéptico no cree en la espiritualidad, yo, en cambio idolatro la sanación del karma.
Pero, eso no impide que…


Los animales de almas en celo.


Haciendo corsé con los nudillos,
apuntillando el cenit hambrientas las bocas
y los pliegues de un hombre (prosa) y una mujer (poesía) que
con los ojos cerrados
ya han descubierto el camino de la escultura del cuerpo
con la semilla y la tierra
antes que el sexo, la palabra,
antes que la mirada, el beso


con los ojos cerrados.





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