lunes, 25 de abril de 2016

María José Ruiz





No sé la de veces que he dicho o escuchado que nos falta control para con nuestra vida, que lo que ahora es blanco en un momento puede haberse vuelto negro, que las cosas pueden cambiar sin darnos cuenta y hasta sin avisar, pero aun así, no terminamos de tomar conciencia de lo que significan estas palabras. Si lo hiciéramos, me atrevo a asegurar que no nos quedaríamos sin dar los buenos días y hasta las buenas noches a más de uno y a más de dos para los que en este momento nos falta tiempo porque creemos no tenerlo. Sé que haríamos esa dichosa llamada, no dejaríamos pasar ni un segundo sin deleitarnos con su voz, sin decir su nombre. Haríamos el esfuerzo de mostrar nuestro afecto o cariño a los que en realidad sentimos, y esto por si mañana es demasiado tarde.
Pero no, estamos tan sumergidos en el que llamamos día sin despegar cabeza del móvil, anotando en las hojas de Dña. Agenda, pero esta sin recordarnos lo realmente importante. Y, repentinamente, hay algo que te hace recapacitar, hacer una frenada en seco, darnos cuenta de que D. Tiempo pasa y no le importa si estamos al corriente con los seres que más queremos. No dejemos que eso ocurra, todos los días, en el momento que deseemos, podemos decir “te quiero”, “perdón”… grandes cosas que pueden hacer que cambie nuestro presente, una simple sonrisa de una oreja hasta la otra…. Bendita evolución. Ponemos de excusa a Mañana sin darnos cuenta de que la mayor realidad es Aquí y Ahora, que en apenas un segundo todo puede haberse puesto del revés.
Mientras lo escribo siento lo mismo que tal vez tú al leerlo: Un repeluzno por todo el cuerpo, caras que se suceden con las que habría de estar al día y esto con la seguridad de que no enmendaré, que volveré a tropezar y a caer, pero me quedo con un resumen, D. Tiempo no espera jamás a Nadie.






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