martes, 26 de abril de 2016

Germán Terrón Fuentes




Fue menester un trueno,
un relámpago en la noche, 
y que un rayo partiera el mar,
para que el cielo se abriera 
sobre nosotros.
Fue necesario 
aprender de la ausencia,
atravesar un desierto de besos,
para encontrarnos de nuevo
hambrientos de amor.
Y una lluvia…
también fue necesaria una lluvia
para que limpiara el aire.
Un aire lleno de reproches,
que nos estaba enturbiando
el corazón.
Bienvenidos el rayo y el trueno,
bienvenidos el desierto y la lluvia,
bienvenidos de nuevo a la vida
tú y yo.





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