domingo, 17 de abril de 2016

Ana Deacracia







Espuma la armonía, dentro.

Rebusca en el trasluz de los espejos

si las fracciones no te ofrecen la luz

y los instantes.

No te enerves, regresa al alma,

cúbrete con el chal de los distintos,

y clava el tacón dispuesto a pronunciarse.

No te detengas, no pares,

no cambies nada del gesto,

ni la fación. Deja que el viento…

Rezuma el latir, no cejes,

muda el color de los iris de los ojos

de aquellos que no sepan mirarte.

Inaugura un bosque de esquejes nuevos,

donde las manos se cojan unas a las otras,

y todos seamos árboles creciendo

al cielo ramas repletas de ternura en sus hojas.

Disfruta de las ansias sin disfraces ni secuelas,

y cuando llueva…, siente el agua

que moja los laberintos y continúa… 





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