jueves, 31 de marzo de 2016

Jose Antonio Fernández García







CREPÚSCULO

                       1

El crepúsculo nos sorprendió a escasos,
pocos, pasos del estanque aquél de oro
donde solías recitar a coro
cuantos versos de bullicioso raso,

al amanecer -única tú-, eras
capaz de vislumbrar tras el cristal
 para, luego, en silencio desleal,
emular a los astros como hogueras:

como estatuas de cobre, o a través
de los visillos, o bien al revés
del lago aquél lejano, transparente,

plagado -siempre según tus palabras-
de sirenas susurrando en candente
albedrío:
               -¡Vida a trazos, nunca abras

en plena calle rapaz o repleta,
ese sigilo nostálgico como treta

para en fin, arreciar de luz
vacía, al hombre junto al ocaso!









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