lunes, 29 de febrero de 2016

Sara Zapata







DESAHUCIO

Se lo fueron llevando todo.
La mesa camilla donde jugaba 
al parchís en los días de lluvia, 
el sillón gastado por años 
de tele y ganchillo,
la cama que compartieron 
durante cuarenta años 
y que vio morir a su marido.
El perchero, las estanterías de mimbre,
la cama para invitados 
que ya no recuerda la última visita,
el mueble caoba del salón 
con souvenir de lugares
en los que ella nunca estuvo,
el espejo en el que ya no se mira,
lámparas, mesillas, cómodas...
Se lo fueron llevando todo.
Y como en esas estanterías 
de un gran centro comercial
después de las fiestas
ahí quedó Manuela,
como ese juguete que nadie se lleva 
porque está roto, golpeado o sucio,
ahí quedó, 
temblando de miedo, frío y soledad
en esa, SU casa.










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