lunes, 15 de febrero de 2016

Mascab Asunción Caballero







OCASO

la casa duerme y el silencio es perturbado
por el sonido de las palabras
que fluyen de sus dedos.
Quizás, el lenguaje haya expandido
algunos signos de puntuación por las neuronas 
para que salten convulsas.
Y en su boca,
las letras se unen en un abecedario
de fiesta y deseo.
La oscuridad,
alberga sombras y los rincones
esconden la saliva de los fantasmas
que sin palabras,
le dicen que ya llegó la hora.







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