martes, 25 de abril de 2017

lunes, 24 de abril de 2017

EDITA ( Presentación de Anida en mi ser sábado 29 de Abril )


Recital homenaje ( Vicente Alexandre )



Vicente Aleixandre y Merlo. (Sevilla, 26 de abril de 1898-Madrid, 14 de diciembre de 1984). Poeta perteneciente a la Generación del 27, recibe el Premio Nobel de Literatura en 1977.
Su infancia transcurre entre Málaga y Madrid. Estudia Derecho y Comercio, y durante unos años es profesor en la Escuela de Comercio de Madrid especializándose en Derecho Mercantil.
Su amistad con Dámaso Alonso y sus inquietudes literarias le llevan a leer y a estudiar a los grandes poetas de la literatura universal, como Bécquer y Rubén Darío. Sufre una grave enfermedad y durante su recuperación se dedica a escribir poesías que son publicadas en las revistas culturales más importantes de la época, consiguiendo gran éxito. Ahí empieza su amistad con los otros componentes de la Generación del 27, como Federico García Lorca y Luis Cernuda. En 1934 recibe el Premio Nacional de Literatura.
Tras la Guerra Civil permanece en España y su obra toma una trayectoria muy personal. En 1949 es nombrado Académico de la Lengua y desde entonces se convierte en maestro y protector de los jóvenes poetas españoles, que acuden a visitarle con frecuencia a su casa de Madrid, donde con frecuencia organiza tertulias literarias.
Su obra se caracteriza por el uso de la metáfora y se le reconoce como el principal poeta surrealista español. Se dice que su trayectoria se divide en tres etapas: una primera de poesía pura (con influencias de Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas y Jorge Guillén), otra de poesía surrealista y una tercera de poesía antropocéntrica.

En 1977 recibe el Premio Nobel, con el que se reconoce universalmente su obra y, en cierta manera, la de toda la Generación del 27.

miércoles, 19 de abril de 2017

Francisca Aguirre



Las manos

Pensamos porque tenemos manos

Anaxágoras

Me ha costado muchísimo educarlas

y no estoy muy segura de haberlo conseguido

porque la mayor parte de las veces

actúan por su cuenta se disparan

es como si tuvieran vida propia.

Algunas veces he pensado que solapadamente

sin darle cuenta a nadie

es decir sin decírmelo a mí

que al fin y al cabo soy su dueña

estas dos lagartijas estas aficionadas al tanteo

han conseguido nadie sabe cómo

elaborar una Constitución y no contentas con eso

han llevado adelante un Estatuto

lo que supone para mí un auténtico caos.

Porque no hay forma de poner de acuerdo

a estas dos desgraciadas a estas dos inconscientes

que se pasan la vida peleando

defendiendo con verdadera saña sus derechos:

la solidaridad insobornable de la izquierda

el orden la cordura y el respeto que para sí reclama la derecha.

Mientras el cuerpo el miserable cuerpo del que viven:

el tronco las axilas los brazos y los antebrazos las muñecas

no encuentran la manera de aplacarlas

de hacerles entender que si se empeñan

esto va a terminar en un entierro.

Que lo mejor sería que empezaran

a sacarle provecho a la distancia

al espacio que las separa equitativo

y a disfrutar del ritmo que produce

unirse de improviso una con otra

y jalear alegremente el hecho sorprendente y audaz

de que por fin la vida nos acerque aunque sea tan sólo

de manera fugaz como era de esperar.



Diana Maura







He llorado
cuando he visto sangre en mi espada.
He llorado
cuando he visto
a aquellos que siguen dando bandazos
en la oscuridad más absoluta,
reincidentes y quejumbrosos,
en la testarudez del vacío
de lo yermo.
He llorado
por ellos
y por mis propias ruinas,
muy adentro,
allí
donde las almas
pueden tocarse
y no se necesitan
de disfraces,
ni de piel,
ni siquiera de miedos.