jueves, 13 de diciembre de 2018

Güil Martin








Porque hay demasiada prisa. Porque casi nadie se para un rato a leer -ni siquiera en su casa-. Porque hay demasiadas frases huecas... y hay que llenar esos huecos de “alma”. Porque no hay más placer, que percibir que los versos escritos procuran en los demás, sentimientos, recuerdos o quizás, sueños.


El cachorro y el niño.

El niño

juega con el cachorro.

Cada uno,

es juguete del otro,

y algo de común hermandad

hay en sus dos tiernas miradas.

Al correr por la hierba fresca,

parece que ésta, nunca tendrá

su dorado y mortecino agosto.

Crecerá entonces el cachorro,

y con los años será al fin

pobre y torpe viejo perro,

dormitando en un rincón

olvidado y apacible de la casa.

Morirá al fin el perro,

y se llevará con él,

-tensando la cuerdecita-

al niño que ya

nunca más volverá,

dejando aquí a un adulto,

sin brillo pueril en sus ojos.


De : Notas descolgadas



 

Teresa Antares





Simplemente,
abrieron sus dedos como alas;
lejos de pensar en el vuelo.
Y fue la caricia.








Sara Zapata







CON MI PERMISO
 

Me permito vivir como quiera
porque esto, la vida,
es lo único realmente mío.
Me permito por tanto
tropezar las veces que sea necesario
y también vaguear,
tumbarme al sol y dejar que pase el tiempo
sin que nada pase.
Me permito también
adelgazar y engordar a mi antojo
puesto que este cuerpo es mío
y darle placer sin reproches.
Me permito amar y que me amen
sin ridículos límites
que edulcoran al amor
e intentar
aceptar el fin con valentía
sin miserables reproches,
pero si llegado el momento
me falla la entereza,
me permito convertirme en escarabajo
durante un tiempo determinado.
Me permito cambiar de opinión
sin sentirme culpable
ya que nada es estático.
Me permito además,
permanecer en la confusión del ser
en la intriga de las sombras
en esta interrogación constante.
Me lo permito
porque ya me cansé,
de apuñalarme a cada instante.




 

viernes, 30 de noviembre de 2018

José Agustín Goytisolo







Esa flor instantánea

 

Miedo a perderse ambos,

vivir el uno sin el otro:

miedo a estar alejados

en el viento de la niebla,

en los pasos del día,

en la luz del relámpago,

en cualquier parte. Miedo

que les hace abrazarse,

unirse en este aire

que ahora juntos respiran.

Y se buscan y se buscan

esa flor instantánea

que cuando se consigue

se deshace en un soplo

y hay que ir a encontrar otras

en el jardín umbrío.

Miedo; bendito miedo

que propicia el deseo

la agonía y el rapto,

de los que mueren juntos

y resucitan luego.





Isabel Rezmo










TODO ES MAR


Todo es mar.
Mar insinuoso,
nostálgico, lleno,
pleno, vacío, uniforme.
Sosiego, luna, cáliz elocuente.

Y todo a pesar del mar, es mar.

Dentro de la orilla, del presente, de la arena,
de las caracolas inciertas que se van abriendo
a los ojos, a las manos, al sexo, a tu voz.

Mar como las olas, las caracolas, los arrecifes,
la roca, la cala donde decir te quiero es un amparo para el amante.
Donde se sufre, se piensa, se suspira, se masturba el deseo, la lágrima, el desgarro, el grito, el perfume, la indolencia, la vida,
la plena soledad del fantasma.

Y tiene infinidad de nombres, o se llama como uno le place, como uno lo piensa, lo dibuja, lo alimenta, lo sueña, lo fantasea,
Lo calienta, lo vive, lo ama, lo desgarra, lo pierde, lo odia o lo acuna.

Todo.
Absolutamente todo es como un mar que recorre
el río, lo acuesta, lo desnuda, lo atrae, lo lleva, lo salpica,
al único y real océano que muere en nosotros.

I REZMO



Carmen Martagón ©








Tanto...
Un suspiro, dos.
Tu boca tentadora pegada a la mía, sin rozarla.
La yema de tus dedos surcando mi hombro desnudo,
y un mechón que se escapa
para caer distraído entre los pliegues del cuello.
Un nuevo suspiro, dos o más.
La llama del deseo en los ojos
y ese mordisco incitante en la comisura.
Pellizco que recorre mi piel como una fuente inagotable de energía,
tu energía.
Despierto acurrucada, con las manos temblando sin motivo,
la garganta seca, el sueño desvelado,
tu boca tentadora, pegada a la mía.
Hace tanto que duermo sola...





Mari Nieves Sirvent




De tanto mirarse en el espejo,
se inventó una vida irreal
y paralela al resto de los mortales.

Atravesando el cristal
se instaló de lleno
en el espejo,
jugando a conjugar verbos
en todos sus modos,
buscando, incesantemente,
esa felicidad inalcanzable
para los corazones vacíos
que anteponen
los aplausos fríos
a los abrazos cálidos
y sinceros.

Usa las palabras
como armas afiladas
y de doble filo,
hurgando en las viejas
heridas
provocadas por sus juegos
de antaño
y que - a día de hoy-
son un secreto a voces
del que intenta justificarse
con sus idas y venidas.



©MNieves






Creo que ante las provocaciones, la mejor actitud es el silencio...
Yo no juzgo, simplemente me defiendo.