viernes, 25 de mayo de 2018

Ana García Briones






Cuando oigas
la campanas tristes

de mi partida,
y el frío de mi ausencia
te cubra de soledad.
No llores,
porque mi amor
permanecerá siempre
en tus recuerdos.





 Anida en mi ser  
 Editorial Corona del sur 


D.E.P
 Nuestra querida y hermosa Sara ( Luchadora Valiente)











Antonio Machado







Y no es verdad, dolor, yo te conozco,

tú eres nostalgia de la vida buena

y soledad de corazón sombrío,

de barco sin naufragio y sin estrella.

Como perro olvidado que no tiene

huella ni olfato y yerra

por los caminos, sin camino, como

el niño que en la noche de una fiesta

se pierde entre el gentío

y el aire polvoriento y las candelas

chispeantes, atónito, y asombra

su corazón de música y pena,

así voy yo, borracho melancólico,

guitarrista lunático, poeta,

y, pobre hombre en sueños,

siempre buscando a Dios entre la niebla.




 

miércoles, 23 de mayo de 2018

Gracia Aguilar Almendros





No únicamente aquellos que se quedan
a ver todas las caras
que hay en la luna,
pueden tatuarme.
 

Acarician tan solo la epidermis,
pero estoy hecha de agua
y goteo hacía adentro,
hacía mares oscuros e interiores.

Arrebatada
por una mezcla
de oxitocina y éxtasis,
completamente abierta,
soy como un animal
que palpa la textura
de otro animal
de igual sabor.

Y bramo,
sonrío, y muerdo.
Y soy sagrada,
soy mística,
y soy verdad.
Y no desaparezco
en esta noche oscura.




Dylan Thomas




Reseña biográfica

Poeta galés nacido en Swansea, en octubre de 1914.
Heredó de su padre, un profesor  y frustrado poeta inglés, la capacidad intelectual y literaria.
Poco tiempo después de terminar estudios básicos se casó,  y con el fin de sostener su familia, alternó la actividad literaria con trabajos diversos como actor, reportero, guionista y periodista radial.
Su primera colección poética "Dieciocho poemas", data de 1934. Siguieron luego, "Veinticinco poemas" en 1936, y "Mapa de amor" en 1939. Después de la Segunda Guerra mundial se dio a conocer  como brillante poeta y dramaturgo, mientras ocupaba una plaza  en la BBC de Londres. A partir de 1950 realizó varias giras de recitales poéticos por los Estados Unidos. "Muertes y entradas" en 1946, "En el sueño campestre" en 1951 y "Bajo el bosque lácteo", publicada después desu muerte, constituyen la parte más importante de su obra.
Su vida licenciosa y dedicada al alcohol, lo condujo a la muerte, ocurrida en Nueva York, en noviembre de 1953.   



      Plegaria

            Vuelvo   la   esquina   de   la  plegaria   y  ardo
                 en   una   bendición del     repentino    sol
                       en   nombre    de   los   condenados
                              me     volvería   o     correría
                                   a    la  escondida   tierra
                                      pero   el  sonoro  sol
                                                purifica
                                                 el cielo
                                                 Alguien
                                          me encuentra
                                            Oh     dejadlo
                             que me abrase y me ahogue
                        dentro    de   su   herida    terrena
                   Su     relámpago   contesta    mi   llanto
                       mi      voz     arde     en      su     mano
            ahora estoy perdido en Aquel que enceguece
        y   al  fin  de  la  plegaria  se  oye  el clamor del  sol


                   Versión de Elizabeth Azcona Cranwell  





lunes, 14 de mayo de 2018

Antonio Colinas.







A NUESTRO PERRO EN SU MUERTE*

 
Es la última noche
y no es fácil dormir porque detrás del muro
intuimos tu muerte.
Así que he acabado por salir a buscarte
a tientas en la sombra
y en ella te he encontrado respirando
aún como una llama.
(Como llama en lucerna sin aceite.)

Hoy, sobre todo, sentimos dolor
al pensar en lo mucho que nos diste
y en lo poco, tan poco, que te dimos.
Porque ha sido mucha la soledad que fuiste
llenando con tu clara soledad
y el diálogo sabio aquel de tu mirada
con mi mirada, de tus silencios
con mis silencios
en el centro del día.

Con cuanta lentitud, con que dulzura
te vas, amigo mío, arrastrando
por el río de sombra que es la noche,
por el río de estrellas que es la noche,
por el río de muerte que es la noche.
Y cómo calla ahora el jardín, y cómo calla
el bosque vaciado
de aquellos ruiseñores de junio
de los que tus ladridos nocturnos fueron luna.

Qué silencios tan negros y tan hondos
caen sobre esos dos ojos como estanques,
sobre esos ojos como hogueras negras.
Postrado en miserable rincón.
fidelísimo aún,
no te mueves, nada haces cuando llego
para no inquietarnos.
Aunque el dolor penetra más y más en tu ser
tú callas, callas manso—todavía más manso--,
y en esa mansedumbre se propaga
tu fiel adiós.

No temas, no le ladres a la Sombra
esa que al alba llegará muy ciega
a arrancarte los ojos, la vida, en el límite.
Aunque quedamos tristes
porque no alcanzaremos a saber
dónde reposarán tus nobles huesos,
también sabemos que desde mañana,
como volcán de luz,
toda la isla ya será tu cuerpo.




 
 *   “Libro de la mansedumbre”   








jueves, 3 de mayo de 2018

Ana García Briones





Cuando el dolor de la poesía
llame a tu puerta,
pon los cinco sentidos
en los atardeceres
alegres de la vida.
Un nuevo ser va a nacer
en la playa de tus suspiros.









Violines sin música ( Corona del sur)







 

Luis Cernuda














Unos cuerpos son como flores
 
Unos cuerpos son como flores,
otros como puñales,
otros como cintas de agua; pero todos, temprano o tarde,
serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un
hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un día la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega.